Tu cuerpo, un todo.

Pedagogía Corporal


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¿ Y tú como respiras?

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Nuestra respiración manifiesta todo estado emocional o físico, así como cualquier dificultad que tengamos.

Estar vivo supone respirar profundamente, sentir y moverse con libertad.

La respiración ocurre de forma inconsciente y automática. Ocupando un lugar especial entre los procesos corporales sobre los que apenas se pueden influir deliberadamente. Tenemos una puerta abierta hacia el sistema neurovegetativo, hacia sus trastornos, así como  hacia ciertas alteraciones del cuerpo. Por poner un ejemplo, cambios  en la glándula tiroides producen una respiración de tipo especial que ayudan a diagnosticar la enfermedad. Todo estimulo fuerte y repentino detiene la respiración.

Existen una gran  cantidad de sistemas y normas encaminadas a crear un efecto calmante mediante la liberación de la respiración y frecuentemente en la psicoterapia moderna lo utilizan como herramienta de trabajo.

¿No te has dado cuenta cuando tienes miedo que encoges tu pecho de forma involuntaria? ¿O cuando experimentas un susto repentino la contienes? Además de que cuando permaneces mucho tiempo inactivo, te vuelves cansado y aburrido.

La respiración tiene que ser libre y completa. No hay un movimiento concreto para aprender a respirar.

Es importante  entender esto para poder soltar  los músculos que intervienen en ella. Si tienen permiso para moverse,  el diafragma, los músculos de las costillas y del vientre despertaran al plexo solar  y es en este punto donde se  cruza el sistema nervioso vegetativo.

El aire debe entrar por la nariz y por la boca hasta la tráquea, los bronquios y los pulmones y salir por el mismo camino adecuadamente. Así aseguramos  provisión suficiente de oxígeno en todo momento y circunstancias. La mayor parte de los músculos de aparato respiratorio están conectados con las vértebras cervicales y lumbares, por lo que la respiración influye sobre la estabilidad  en la postura de la columna vertebral.

También el apretar la mandíbula y la tensión de los ojos afecta a la forma de respirar. Si los músculos de tu zona superior están tensos, estos no dejaran entrar el aire en tus pulmones y sobre todo no lo dejaran salir. Solo lo necesario para  sobrevivir.

Si aprendo a relajar mis ojos  convirtiéndolos en una grata manera de  percibir  y puedo también abrir mi mandíbula a la vez que la tensión cede en la lengua, notaré  sin duda  un cambio importante.

La nuca es una pieza maestra en este juego. No se debe esperar que se libere la respiración si la nuca misma no está libre. El nervio fénico nace de C4, la cuarta vértebra cervical y se adhiere de inmediato a la pleura antes de penetrar en el diafragma, cuyos movimientos comanda y el nervio neumogástrico pasa por el cuello antes de dirigirse a los pulmones, al corazón y al abdomen. Es un gran maestro de ceremonia del sistema nervioso autónomo.

Recuerda que respirar bien ayuda a tener una buena postura.

Todavía mas importante es saber que uno respira como vive.

¿ Y tú como respiras?

Te propongo lo siguiente:

Estírate sobre la espalda y y toma conciencia de tu cuerpo sobre el suelo:… su longitud, anchura, grosor. Observa todas las zonas de tu cuerpo que tocan el suelo  y la altura de los puentes donde  no se posan. ¿Te sientes relajado o todavía existen zonas de tensión?

Ahora toma conciencia de tu respiración. ¿Por donde respiras por la nariz o por la boca? ¿Y tu ritmo?  ¿respetas los tres tiempos de inspirar, espirar y de hacer  una pausa antes de volver a coger aire?…¿Puedes notar el movimiento de tu respiración?   observa en  tu  parte  supra umbilical, en tu tórax, en las clavículas, en las costillas, en el esternón ….y en tu espalda…

🙂 😉

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¿Que es el dolor?

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Es interesante comprender ciertos aspectos sobre el dolor crónico y como desde hace algún tiempo existe una nueva forma de abordarlo.

 Empezamos: nuestro cuerpo esta diseñado para movernos.

Seguimos…hay que tener en cuenta que el dolor es una percepción más de nuestro cuerpo, como la vista, el oído, el gusto, olfato…. y es que el dolor nace directamente del cerebro.

Lo explico, aunque hay quien lo hace mucho mejor que yo…

Ocurre que cuando por algún motivo al producirse un cambio mecánico, como un mal gesto de forma busca por ejemplo, en nuestra organismo nuestra propiocepción y en concreto nuestros receptores nociceptivos, empiezan a  crean unos mensajes de peligro que van directos  a nuestro cerebro.

Y eso nos produce la sensación de dolor.

Cuando nos lesionamos el proceso fisiológico se inicia… ya sabemos cómo: inflación, rubor, calor, tumor, proliferación, regeneración, remodelación y por fin la recuperación.

Ese dolor, por llamarlo de alguna manera, es bueno. Nos permite recuperarnos.

Pero el problema se crea cuando ese dolor no para y continua.

Y eso?

Pues nuestro cerebro  engaña. De  forma errónea sigue enviando mensajes de dolor cuando en realidad  ya no es así porque estamos curados. Hay dolor pero no hay mal asociado. Lo llamamos  falso positivo.

El falso positivo nos crea una convicción de que todavía estamos lesionados. Es  ese dolor el que nos perjudica, nos encierra, nos destruye.

El dolor siempre sale del cerebro y tenemos una característica en él muy curiosa.

Se anticipa a lo que vamos a hacer cuando vamos a demandar un determinado movimiento. Esto sin duda alguna nos ayuda a sobrevivir.   El “te harás daño si haces eso” surge de una forma automática en señal de dolor y eso nos hace que nos quedemos quietos. Así que antes de hacer, el cerebro es el que nos da o no permiso…

Qué curioso no?

Este falso positivo nos abre la caja de Pandora…De donde sale la conciencia en todo este entramado de neuronas y sinapsis?

Entramos en territorio desconocido.  Pero hay que conocer.

Cuando el cerebro nos proyecta el dolor,  él ya espera la respuesta que tendremos. Es una especie de ritual particular de cada uno tiene consigo mismo. Hay  quien se toma  un antiinflamatorio,  quien necesita pararse si está caminando, quien se sienta cuando esta de pie, quien se levanta cuando está sentado, quien pone una mano en el dolor. A gusto hay colores, dicen.

Entonces, ahí va lo interesante: es necesario romper ese ritual, no prestar atención al dolor, proseguir nuestra actividad normal y con paciencia irá disminuyendo.  Es posible que el cerebro se enfade porque no habrá más espectáculo y probablemente aún estrechará más la percepción del dolor.  Hay que ser constantes y  firmes, sin rendirte y progresivamente  y para alivio nuestro iremos modulando ese dolor. Claro está que para ello se necesita un tiempo.

No hay posibilidad si no rompemos con esa actitud,  puede ser que la sensación del mismo  disminuya, pero no es así… ya que cada vez se necesitara de menos  estímulos para que el dolor actue de nuevo, incluso apareciendo cuando duermes.

Es en definitiva una sanción al movimiento.

Tener miedo al movimiento se le llama kinesifobia.

Es eso. Necesitamos de  movimiento con confianza.

Hay dolor pero no existe el daño.

Por eso es tan importante que te enseñemos a corregir esos motores afuncionales generados desde el dolor y a las restricciones musculares. Es importante que sepas ver, observar y sentir tu cuerpo con armonía, trabajando tu postura de una forma coherente, sin rigideces: No hay que tener miedo a experimentar.

El trabajo es  en ese sentido.

Una actividad física progresiva es recomendable. El deporte es necesario entre otros aspectos porque  hay una liberación de oxitócica ( endorfinas que nos interesan)… vaya, la morfina natural del cuerpo y además desconecta la amígdala que es la parte del cerebro que controla el miedo.

En fin, suma  y sigue.

Así que:

Desacondicionémonos del dolor, tanto  en  las creencias, en hábitos y en pensamientos tóxicos.

Saludos 😉