Tu cuerpo, un todo.

Pedagogía Corporal


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Una buena postura empieza por los pies.

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Con la llegada del otoño empezamos el ritual de buscar  zapatos  para la temporada. Nuestros pies que han estado libres, sueltos y  aireados se ven sometidos a las rigideces de cualquier estuche concebido para ello y al cual llamamos zapatos.

A veces buscar el calzado adecuado es una tarea realmente difícil.

Los pies en un zapato incorrecto nos restan libertad de movimiento.

Con los pies bloqueados, los movimientos de las extremidades resultan torpes, afectando a toda la movilidad  del cuerpo.

… y eso también  perturba a nuestros órganos internos.

No debemos de creer que las vísceras y  los músculos  se encuentran separados. En el interior  no se olvidan de los suplicios del exterior. Los órganos profundos sobrellevan el sufrimiento de los músculos y de las articulaciones.

Una  buena postura empieza por los pies.

Si recuperamos la libertad de los dedos y equilibramos los arcos plantares, devolveremos a nuestros pies sensaciones de amplitud y estabilidad, por lo que nuestra espalda trabajará con menos esfuerzo.

Obligamos a nuestros pies  a llevar un calzado perjudicial donde el contorno del pie y los dedos están aprisionados, en donde no pueden estirarse ni moverse.  Creamos un caminar limitado, sin armonía ni naturalidad.

Observo esos zapatos de punta, con tacones de vértigo….esos zapatos que producen contorneos donde el cuerpo vacila, donde cada paso es una proeza, un desafío.

Y si nos fijamos un poco más en la zona superior, el rostro permanece indiferente a la lucha que se desarrolla abajo, ajeno a los desesperados esfuerzos de las piernas, de la espalda y del sistema nervioso. Obligando a reconstruir a cada paso lo que sería la apariencia de la marcha humana.

Ese es el problema, al querer introducir tu pie en algo puntiagudo, estrecho, rígido….

Se producen extrañas mutaciones que no están previstas por la naturaleza. Las articulaciones se bloquean, se superponen los dedos, soldándose en un bloque compacto.

Y ya no pueden estirarse, apoyarse y presionar al suelo durante la marcha.

Los músculos del pie  y sus prolongaciones en la pierna, contraídos no hacen más que tirar de las articulaciones.  Si  se contraen, los huesos no tienen otra que desviarse. En los extremos de los huesos que se juntan con gran precisión, acaban siendo desplazados uno respecto del otro. ¿Te suena el Hallus valgus? ¿El juanete del dedo gordo?.

Sin embargo, aun llegando a esas deformaciones, podemos liberar las articulaciones y  estirar los músculos que  están hechos de una materia flexible.

La naturaleza nos brinda el poder de rehacernos. Volver a estar de pie, y encontrar los apoyos naturales sobre la tierra.

Todos los zapatos tendrían que respetar el contorno del pie y ser creados para poder caminar con armonía, dando la libertad que el cuerpo necesita.

Te propongo lo siguiente:

Ponte de pie y experimenta esto:

Los pies desnudos en el suelo. Intenta  separar el  dedo pequeño, luego el gordo. Abre los dedos en abanico, cuidando de  no levantar ninguno. Solo intenta de dejarlos descansados en el suelo. Para conseguir esto, es posible que se necesiten algunas semanas  y quizás sudes más que levantando pesas. Pero se consigue.

Toma un lápiz, una hoja grande de papel y dibuja el contorno de tu pie con su nueva  y autentica forma. A partir de ahora ya sabrás que zapato se te acomoda más y cuya forma tendrá que ser la del contorno de tu pie.

🙂 😉

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LA FIBROMIALGIA SI TIENE SOLUCIÓN.

Un testimonio de Rafaela Navarro del Espacio Cultivarte, una persona que se dio cuenta que la clave estaba en “cultivar” cuidados.

 

A modo de introducción y para situarnos veremos algunos datos de la fibromialgia en España. Es conocida como una de las enfermedades ocultas del siglo XXI pese a su influencia en la calidad la vida. No en vano, en España, padecen fibromialgia, o fatiga crónica, cerca de 1 millón de personas. Según afirma Benigno Casanueva, autor del primer tratado sobre fibromialgia que se edita en España, “no existe un perfil característico del paciente” pero se conoce que “un alto porcentaje de personas afectadas son mujeres jóvenes, de entre 30 y 50 años”.

Lo que si está claro es que la fibromialgia está  considerada como la principal causa de dolor crónico generalizado y afecta, aproximadamente, a un 2 por ciento de la población, con una frecuencia de un 4,2 por ciento en las mujeres y un 0,5 en los hombres. Casanueva precisa que “la fibromialgia es la segunda enfermedad reumática más compleja, por detrás de la artritis reumatoide”.

Tópicos sobre la fibromialgia

Sobre ella se suele decir que “no se cura”. Muchos médicos indican que la única solución es medicarse, y aceptarlo, no hacer nada. Esto a pesar de que una persona con fibromialgia suele tener una vida marcada por bajas laborales, estado anímico bajo, insomnios o sueño no reparador, inapetencia, susceptibilidad, baja autoestima, dolores que le acompañan en cada actividad que realiza, tristeza, y expresiones como “voy que me arrastro” o “no doy para más.

Testimonio de Rafaela Navarro

Psicoterapeuta de Análisis Transaccional y socio fundadora del Espacio Cultivarte.  Padeció fibromialgia durante aproximadamente  20 años.  El primer año después de la crisis fue tratada por un neurólogo, con penicilina, y otros medicamentos que no recuerda. Al año me fue a ver a sumédico de cabecera desesperada.  Él  fue el que le dijo que parecía una enfermedad reumatológica llamada fibromialgia que a veces se acompañaba con una sensación de agotamiento llamada “fatiga crónica” que se estaba empezando a hablar de ella… “no vas a morir por esta enfermedad, pero si morirás con ella”, sentenció.

Pregunta: ¿Por qué acudiste al médico?

Respuesta: Me quedé con una gran rigidez, mis articulaciones no tenían movimiento, el dolor era horrible, no podía ni salir del coche, ni levantarme de la mesa donde estaba cenando.

P.Cuéntanos tu periplo.

R.Antes de tener esta crisis tuve avisos, que yo no atendía. Me tomaba una aspirina y seguía. Estaba cansada, y pensaba que era por la primavera, o por el otoño. Trabajaba mucho y además “era muy nerviosa”, según el diagnóstico de los médicos.

El fin de semana antes de “la 1ª crisis” estuve en cama, no me podía mover, tenía mucho dolor y cansancio, pensé que de nuevo había cogido una “viriasis”. El lunes fui a trabajar (no podía faltar mi responsabilidad me lo prohibía). Pero lo pasé fatal: si me arrodillaba o sentaba, me tenían que ayudar a levantar. Yo sola no podía, imposible. Me vinieron a buscar por la noche al trabajo (porque aguanté todo el día) no podía salir del coche, me tuvieron que sacar, en la mesa a la hora de la cena no pude levantarme, la rigidez, el dolor el agotamiento era horrible… Me llevaron de urgencias y empezó el calvario.

Salí de allá caminando sin dolor (por el calmante) pero como una anciana de 200 años. A partir de ahí visité a un endocrino con sus correspondientes pruebas.  Todo estaba bien. Otro médico que me trató por reuma en la sangre (tratamiento de penicilina, un año más o menos). Después el neurólogo un año hasta que me cansé. Después de hablar con mi médico de cabecera empecé a negar que estaba mal “yo podría resolverlo” “yo era fuerte, lucharía” total no tenía nada.

Durante unos 10 años lo negué.  Cada día tomaba el termalgil, aspirinas etc. Hasta que hace aproximadamente 10 años tuve “la segunda gran crisis.” Esta sí me hizo parar, no podía luchar, me quedaba paralizada, el cansancio, los dolores, la tristeza, el miedo, la impotencia de no poder eran tremendos. Me sentía en muchos momentos enfadada porque yo ya no era la mujer fuerte que podía con muchas cosas, por no decir con todo.

Volví a mi médico de cabecera, me dijo lo que era en seguida y entre otras cosas me mandó  depresivos cosa que me enfadó mucho y se lo dije (algo poco habitual en mí) y me sugirió que me fuera a ver  un reumatólogo, así lo hice.

Tomé una decisión: dejar de negar la enfermedad, dejar de luchar contra ella… lo mejor que pude hacer fue aceptarla y aprender de ella.  ¿Aprender de ella os preguntareis? Pues encontré personas que me acompañaron, no fue fácil, romper con hábitos y creencias mantenidas durante tantos años.  Sin embargo, he aprendido  y sigo aprendiendo a cuidarme, hago ejercicio, cuido mi alimentación, medito, hago ejercicios de respiración, nado, duermo mis horas, busco la manera de tener espacios para hacer lo que me gusta… y diréis: “esta mujer tiene que tener mucho tiempo libre”, y la  verdad es que tengo muy poco.

A través de la fibromialgia he  aprendido a escuchar mi cuerpo, él me habla, me avisa, el dolor me está diciendo qué emoción no he tenido en cuenta, nuestro cuerpo es muy sabio solo tenemos que aprender a escucharlo.

Porque al fin y al cabo para llegar a la fibromialgia o la fatiga crónica uno de los componentes básicos  es el no tenernos en cuenta, no escucharnos, creernos súper-mujeres o súper-hombres y lo que no hemos aprendido  es a amarnos (sin sentimos egoístas)

P. ¿Cuál es la diferencia entre fibromialgia y Fatiga crónica?

R. Yo la definiría por mi vivencia con las dos: Fibromialgia; un dolor intenso en unos puntos concretos del cuerpo, que pueden ir variando, dependiendo del  día. La intensidad del dolor puede variar, puede ser como de unas agujetas constantes o de un gran dolor acentuado por cualquier movimiento. También hay cansancio, ¡cómo no, el dolor agota!

Fatiga crónica; agotamiento total, no tienes fuerza ni para levantar un vaso de agua, ni la cuchara, no hay energía, para mí era lo peor, me sentía como una ancianita de 200 años. Hablar era un esfuerzo demasiado grande

P. ¿Qué piensas de estos síntomas?

R.Pienso que tienen un componente emocional muy importante. Las personas que los hemos padecido y que los padecen so,ps personas muy exigentes con nosotras mismas. Que no sabemos decir “No” sin sentirnos culpables.

P.¿Cómo lo viviste?

R.Como he comentado antes primero negándola y la segunda vez utilizándola para aprender sobre mi misma (toda una experiencia y sigo en ello).

P. ¿Te sentiste apoyada por tu entorno?

R.La primera vez por nadie, no sabían, pero ni yo misma  me apoyaba no sabía tampoco lo que pasaba, la segunda encontré sobre todo a una persona que fue mi compañera de viaje, ella me enseño a cuidarme, me dio los permisos que yo necesitaba para empezar a “gatear” en esta nueva experiencia. Me sentí cuidada y apoyada por ella. Mi familia hacia lo que podía, porque seguían sin comprender

P. ¿Qué pensaban de tu situación?

R. Al principio no lo comprendían, ni me comprendían. Yo seguía trabajando, tenía que coger alguna baja, pero no entendían… hasta que en la empresa buscaron información y a partir de ahí hubo algún pequeño cambio.

P. ¿Sufres actualmente de fibromialgia?

R.Bueno, yo digo que soy” exfibromialgica”  Con la Dra. (reumatóloga) que me lleva, hace unos años que no hablamos de la fibromialgia, es como si no estuviera en mi vida, sin embargo si es cierto que hay momentos que tengo algún dolor… ¿Quién no, verdad? Lo importante es que no paraliza mi vida, escucho mi cuerpo, lo mimo, busco y encuentro lo que tengo que hacer. Hay una complicidad entre mi cuerpo y yo… el habla como sabe y yo lo escucho

P. ¿Qué hiciste para curarte? Al principio hice muchas cosas. Pongo como ejemplo:

R.Medicina alopática, que me indicó: Antidepresivos, antiinflamatorios, somníferos etc.Tomé los antidepresivos poco tiempo porque yo no estaba deprimida. Los antinflamatorios los tomaba en los momentos de crisis, y los somníferos también una temporada para poder descansar cuando dormía.

Medicinas Alternativas. Contacté con un naturópata que me ayudó con la alimentación. Me dieron minerales que mi cuerpo necesitaba (sigo tomando algunos), una terapia personal (un trabajo de crecimiento personal), masajes de varios tipos, siendo el método Mezieres junto a Ma. Angeles con quien he encontrado una gran ayuda  (busqué hasta que encontré el que me gustaba y ayudaba a estar mejor) natación, caminar, acupuntura.

Estudiar, leer sobre esto. Trabajo terapéutico. Alimentación. Meditación. Conversaciones amables. Masajes. Vida creativa. Cuidarme. Quererme.

-¿Qué le dirías a las personas  que padecen estos síntomas?

R.Que hay opciones para mejorar, no creer a los que lo digan que no os curareis de este síndrome, os podéis curar, podéis salir adelante, podéis hacer una vida normal. Sois valientes, capaces, valerosos, exigentes, responsables, perfeccionistas, luchadores… sin embargo hay algo que tenéis que aprender:  a teneros en cuenta, a ser pacientes,  a escucharos, a mirar hacia adentro, a expresar vuestras emociones, a decir no, en definitiva a amaros.

Rafaela Navarro. Psicoterapeuta en Análisis Transaccional. Padeció de fibromialgia y hoy día, entre su experiencia personal y su profesión está ayudando a personas a superar este síndrome